No debemos confundir a los trabajadores de alto rendimiento con los adictos al trabajo. Hay puestos de trabajo que por su naturaleza consumen mucho tiempo, incluso tiempo personal. Son aquellos trabajos que impiden desconectar después de una jornada y que hacen que la cabeza se mantenga rondando en aquellas situaciones complicadas, preocupaciones que se apoderan del tiempo libre. Esto es común en muchos puestos, pero no debe confundirse con la adicción al trabajo. El término “Workaholic” hace referencia a esos adictos al trabajo que por determinadas causas su principal prioridad, en algunas ocasiones única, es el ámbito profesional. Estas conductas llegan a arruinar el clima laboral si la actitud de los adictos es independiente y negativa.

Los problemas de la adicción al trabajo

La adicción al trabajo puede ser bien vista en entornos laborales que valoran más estar presentes en el puesto de trabajo que actuar de manera eficiente. En estos entornos los adictos se convierten en los mejores y preferidos, mientras que el resto solo tiene la opción de amoldarse y equipararse al adicto, o salirse del entorno y correr otra suerte. Cuando esto sucede los trabajadores con adicción al trabajo son considerados como estrella, lo cual genera un clima laboral negativo con consecuencias para la organización en general. Los trabajadores estrella criticarán a aquellos que no actúan igual, que a pesar de resultar ser más eficientes en contra de los eficaces considerados, los ataques indirectos que estos reciben destruyen el trabajo en equipo y se instaura el miedo organizacional. Este tipo de entornos que promueven y recompensan la sobrededicación sirve de un mal ejemplo para el talento joven que genera malas expectativas de futuro y heridas motivacionales respecto al mundo profesional que después es difícil de sanar.

En definitiva destroza el clima laboral y perjudica al talento joven, dos de los pilares del crecimiento organizacional.

¿Qué hay detrás de la adicción al trabajo?

Detrás de la adicción al trabajo se encuentra el ideal de que “el trabajo es el centro de la vida”. Estos “Workaholic” poseen un sentido de la prioridad diferente al del resto de personas y conciben atractivo desprenderse de actividades no relacionadas con el trabajo y el ámbito profesional. Estas personas conocen a la perfección los mecanismos para tratar de originar más tiempo para trabajar no solo para ellos sino para el resto de sus compañeros.

Los expertos determinan esta conducta como un síntoma claro y evidente de trastorno psicológico que puede ser temporal o permanente. Las consecuencias son irritabilidad, falta de sueño, hiperperfeccionismo, desconfianza, inseguridad, ambición exagerada, entre otras.

Las causas generalmente suelen estar relacionadas con desequilibrios en la vida personal. Se comienza ocupando determinados vacios personales y sociales que al final consiguen desplazar totalmente la vida personal. Se origina un estilo de vida descompensado y oscuro del que no son conscientes. Los expertos advierten de que puede traer incluso consecuencias no solo mentales sino también físicas.

La adicción al trabajo puede generar el caos en la empresa

La adicción al trabajo “Workaholic” puede generar una situación horrible de bloqueo. Los adictos pueden acumular excesivos trabajos y tareas que además de aumentar el volumen de trabajo aceleran rápidamente el ritmo. Esto en la mayoría de las ocasiones resulta en un colapso inminente y pone en riesgo a la organización en general. Al mismo tiempo, estos trabajadores se llegan a creer imprescindibles de tal modo que propician que su ausencia en la organización paraliza el funcionamiento habitual y hace que el resto de compañeros se encuentren perdidos.

La adicción al trabajo positiva

Aun así la adicción al trabajo puede traer una serie de ventajas si estos presentan una conducta positiva, sociable y humilde. Cuando se dan estos ingredientes estas personas consiguen captar la atención de sus compañeros y generan cierto ambiente competitivo que puede resultar motivador. Este perfil de adictos al trabajo suelen ser personas que aman su trabajo y que ponen pasión y entusiasmo en él. En este sentido estos trabajadores se convierten en un instrumento de motivación positiva para quienes trabajan con ellos que se sienten atraídos hacia la tarea. Además consiguen vender muy bien su postura y consiguen crear una marca profesional. Saben promocionar sus logros y se convierten en protagonistas rápidamente, lo cual sirve de ejemplo al resto.

El lado bueno de la adicción al trabajo negativa

De los adictos negativos, independientes y soberbios del principio también podemos extraer aspectos positivos. Lo cierto es que podemos interpretar ciertos comportamientos y habilidades en que los estos son expertos.

Por ejemplo,

Saben encontrar más tiempo para trabajar, lo cual nos puede llevar a la interpretación de que podemos aprender de esta habilidad para orientarla positivamente hacia el modo en que gestionamos nuestro tiempo en el puesto de trabajo. Son buenos en esto y es porque saben priorizar a la perfección, saben discriminar las distracciones y son sumamente atentos a los detalles.

Poseen una gran capacidad para gestionar las relaciones sociales dentro del ámbito profesional. De la obsesión con el mundo laboral solo se relacionan con personas del sector y además disfrutan. Esto les convierte en unos expertos del Networking, aspecto hoy en día muy importante para las empresas.

En definitiva, de la adicción al trabajo nos podemos encontrar con dos perfiles diferentes: uno positivo compuesto por trabajadores humildes, cooperativos y agradables; y otro negativo compuesto por trabajadores soberbios, desagradables e individualistas. Si el Workholic es positivo puede generar beneficio a la organización, si de lo contrario es negativo, puede poner en grave peligro el clima laboral y la cultura de la organización, pero ¡ojo!, no siempre son los malos de la película, hay en entornos donde incluso son demandados.

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