La gran competitividad e inseguridad laboral así como las exigencias del medio, los cambios trascendentales con las nuevas tecnologías y el acelerado ritmo de trabajo actual, han cogido un ritmo incesante que genera angustia, agotamiento emocional y trastornos en la alimentación, actividad física y descanso, dando lugar a problemas físicos, psíquicos y otros factores de riesgo en la salud de la sociedad actual

Actualmente, uno de los problemas de salud laboral más frecuentes en Europa es el estrés laboral. En muchas ocasiones, todos sabemos que este estrés puede ser inevitable.

No obstante, hay que reconocer que existen diversas medidas para evitar que este estrés se cronifique, evitando así la aparición del Síndrome de Burnout o Síndrome del Trabajador Quemado (SQT). Término actualmente reconocido oficialmente en la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Enfermedad  Profesional.

¿Qué debo hacer para que mis empleados no sufran este síndrome?

Hay varias opciones y dependerá de la actitud que tomes ante ellas. ¿Actitud reactiva o proactiva? La reactiva sería actuar una vez el trabajador ya está quemado en la empresa. En estos casos la dirección opta por buscar soluciones a la desesperada, enfocadas a buscar un por qué y una posible solución.

Lo más común suele ser hablar con la persona, indagar y preguntar acerca de su estado en la empresa, buscar posibles motivadores que le hicieran salir de dicha situación de “Burnout”.

Sin embargo, esta conduncta reactiva en muy pocas ocasiones tiene un resultado positivo, ya que hay un riesgo elevado de incrementar el malestar de la persona ya quemada.

El objetivo siempre tiene que ser prevenir su ocurrencia. Por lo que necesitaremos tomar ACTITUD PROACTIVA. Y para ello, seguiremos algunos pasos:

En primer lugar, es imprescindible conocer de antemano los factores de riesgo susceptibles de generar estrés crónico en el ámbito laboral.

En este sentido, la guía NTP 704 del INSHT distribuye estos riesgos en 3 niveles:

1- Factores de riesgo a nivel de organización

  • Estructura de la organización muy jerarquizada y rígida
  • Falta de apoyo instrumental por parte de la organización
  • Exceso de burocracia, “burocracia profesionalizada”
  • Falta de participación de los trabajadores
  • Falta de coordinación entre las unidades
  • Falta de formación práctica a los trabajadores en nuevas tecnologías
  • Falta de refuerzo o recompensa
  • Falta de desarrollo profesional
  • Relaciones conflictivas en la organización
  • Estilo de dirección inadecuado
  • Desigualdad percibida en la gestión de los RRHH

2- Factores de riesgo relativos al diseño del puesto de trabajo

  • Sobrecarga de trabajo, exigencias emocionales en la interacción con el cliente
  • Descompensación entre responsabilidad y autonomía
  • Falta de tiempo para la atención del usuario (paciente, cliente, subordinado, etc.)
  • Disfunciones de rol: conflicto-ambigüedad- sobrecarga de rol
  • Carga emocional excesiva
  • Falta de control de los resultados de la tarea
  • Falta de apoyo social
  • Tareas inacabadas que no tienen fin
  • Poca autonomía decisional
  • Estresores económicos
  • Insatisfacción en el trabajo

3- Factores de riesgo relativos a las relaciones interpersonales

  • Trato con usuarios difíciles o problemáticos
  • Relaciones conflictivas con clientes
  • Negativa dinámica de trabajo
  • Relaciones tensas, competitivas, con conflictos entre compañeros y con usuarios
  • Falta de apoyo social
  • Falta de colaboración entre compañeros en tareas complementarias
  • Proceso de contagio social del SQT
  • Ausencia de reciprocidad en los intercambios sociales

Una vez que conocemos los posibles riesgos que pueden estar presentes en la empresa, debemos conocer o valorar en qué grado de desarrollo se encuentra el síndrome, ya que éste pasará por distintas fases antes de llegar a conformarse.

¿Cuáles son las fases a identificar para valorar si el desarrollo de dicho síndrome se está produciendo?

Fases del proceso de burnout (más desarrolladas en la guía NTP 704 del INSHT): VER GUÍA

Fase inicial, de entusiasmo.

En esta fase, es común que todos los trabajadores empiecen entusiasmados en sus puestos de trabajo, con grandes expectativas y energía positiva.

Fase de estancamiento.

En esta fase el trabajador se da cuenta de que no se cumplen las expectativas profesionales que tenía. Empieza a valorar si su esfuerzo está bien recompensado, encontrando desequilibrios entre las demandas y recursos disponibles (aparece el estrés).

Fase de frustración.

Ante el desequilibrio encontrado, surge la frustración, la irritabilidad en el trabajo y la aparición de conflictos con los compañeros. Esto da lugar a la aparición de problemas emocionales, conductuales y fisiológicos.

Fase de apatía.

Aparece el afrontamiento defensivo fruto de los cambios experimentados en la etapa anterior. En esta fase se tiende a tratar a los clientes de forma distanciada y mecánica, donde priman mis necesidades por encima del servicio al cliente, intentando evitar las tareas estresantes como mecanismo de defensa.  

Fase de quemado.

Colapso emocional y cognitivo con importantes consecuencias para la salud. Si el trabajador llega a esta fase, es probable que llegue a abandonar su empleo.

Una cosa importante a tener en cuenta en este recorrido, es que estas fases tienen carácter cíclico, por lo que se pueden repetir en diferentes momentos de la vida laboral.

Conocer estas fases, nos va a ofrecer una guía muy valiosa para identificar en qué situación pueden encontrarse los empleados de nuestra empresa (o de la empresa en la que trabajamos). Y también habrá que tener en cuenta que si sospechamos que han llegado a la última fase, sea muy probable que sientan:

  • Agotamiento emocional (cansancio, fatiga, sensación de no poder dar más a los demás, etc.)
  • Despersonalización (sentimientos, actitudes y respuestas negativas, distantes y frías, especialmente hacia los clientes, pacientes, usuarios, etc.)
  • Sentimiento de bajo logro o realización profesional o personal (demandas que exceden su capacidad competente actual, sentimientos de desilusión y fracaso personal y laboral, baja autoestima, evitación de relaciones personales y profesionales, insatisfacción generalizada, evitación del trabajo, abandono de la profesión, etc.)

Obviamente, identificar todo esto no es tarea fácil. Además, lo más común es que trabajadores no expresen ni su malestar ni sus sentimientos abiertamente, sobre todo si no tenemos una relación cercana con dicho trabajador.

No obstante, existen diversas herramientas de estimación psicométrica (cuestionarios) que nos ayudan a estimar la presencia de dicha patología, uno de los más utilizados es el  test específico de Maslach Burnout Inventor  (MBI).

Aquí tienes el test oficial para evaluar el Burnout

Este test evalúa en qué grado están afectadas en el individuo las dimensiones que componen el síndrome, es decir, la existencia sintomatología que da lugar a identificar la presencia del SQT. Podemos encontrar más información sobre este tema en la guía NTP 705 del INSHT.

Puedes descargar la plantilla del test y su evaluación aquí:

Y por favor, nunca olvidéis que los cuestionarios deben ir apoyados de entrevistas especializadas a los trabajadores.

¿Qué me dices tú?  ¿Se esfuerza tu compañía por evitar el burnout?

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