Las habilidades sociales son una serie de conductas observables, pero también de pensamientos y emociones, que nos ayudan a mantener relaciones interpersonales satisfactorias, y a procurar que los demás respeten nuestros derechos y no nos impidan lograr nuestros objetivos.

Dicho de otra forma, y aplicado al ámbito laboral, las habilidades sociales nos permiten relacionarnos con otras personas, ya sean compañeros de trabajo, clientes/usuarios, etc. de manera que consigamos un máximo de beneficios y un mínimo de consecuencias negativas, tanto a corto como a largo plazo.

A menudo aquella persona que busca su propio interés, pero que también tiene en cuenta los intereses y sentimientos de los demás, es aquella persona sobre la que decimos que es hábil socialmente. Y aquí es donde entra la asertividad.

¿Qué es la Asertividad?

Es la habilidad social para ser claros, francos y directos, defendiendo nuestros derechos personales, incluyendo la expresión de nuestros sentimientos, preferencias, necesidades y opiniones, pero respetando los de los demás al mismo tiempo. En definitiva, ser asertivo consiste en defender nuestros derechos sin menospreciar la valía del otro. Pero… no siempre empleamos este estilo de comunicación en nuestras relaciones sociales.

Existen tres estilos comunicativos o de respuesta: el agresivo, el pasivo y el asertivo. Cada uno de nosotros podemos tener la tendencia a emplear más uno que otro, o también a emplear uno u otro en función de la situación. Entender por qué se caracterizan y conocer cuáles son sus ventajas e inconvenientes, te ayudará a identificar y tomar conciencia de qué estilo sueles emplear en tu entorno de trabajo. Y también a poner en marcha las estrategias para promover el cambio hacia el estilo asertivo, en pro de beneficiarte de sus ventajas.

Estilos de comunicación

Agresivo. Es aquel en el que la persona defiende y antepone sus propios derechos a los de los demás. Expresa sus propios sentimientos, pensamientos u opiniones, pero de manera ofensiva, deshonesta, manipulativa y/o inapropiada, sin tener en cuenta los del otro. Ante un conflicto en el trabajo, esta persona no tratará de evitarlo; puede que incluso trate de hacer lo contrario.

Pasivo. La persona pasiva no defiende sus derechos, todo lo contrario, antepone los de los demás a los suyos propios. No expresa por tanto sus sentimientos, pensamientos u opiniones. Y si lo hace, es de manera autoderrotista, con disculpas y sin convicción. Por tanto, trata de evitar el conflicto a toda costa.

Asertivo. Defiende sus propios derechos y respeta los de los demás. Expresa sus sentimientos, pensamientos u opiniones libre y adecuadamente, teniendo en cuenta los de los otros. Esta persona no va a tratar de crear o evitar el conflicto, sino de solucionarlo buscando soluciones satisfactorias para ambas partes implicadas.

Pero, ¿qué ocurre en cada uno a nivel de la comunicación verbal y no verbal?

El agresivo tiende a imponer e interrumpir al otro; manteniendo una mirada fija, una postura hacia delante, con gestos amenazantes, y con un volumen y tono de voz elevados.

El pasivo sin embargo duda, es vacilante o cortado. A nivel no verbal tiende a mantener una mirada baja, una postura recogida, con movimientos corporales nerviosos o inapropiados, y un tono de voz bajo.

Por el contrario la persona asertiva es directa y firme en aquello que quiere decir. Suele hacer uso de expresiones como “pienso…”, “siento...”, “qué te parece si...”. Mantiene el contacto ocular con la otra persona, una postura relajada, gestos firmes y voz no vacilante.

Algo importante, puesto que estamos hablando de relaciones interpersonales, es analizar cómo nos sentimos al emplear cada estilo y a su vez, cómo se sienten las personas que son objeto del mismo. Esto es relevante de cara a, en el primer caso, las consecuencias psicosociales que puede tener en nosotros mismos como trabajadores, y en el segundo porque entre otras cosas, ello al final acaba influyendo en el clima laboral, en la calidad de la prestación de servicios, etc.

La persona que emplea un estilo agresivo se podrá sentir tensa, enfadada, ansiosa, e incluso culpable pasada la situación. A los demás puede hacerles sentir inferiores, incomprendidos o atacados.

La persona pasiva, como cabe esperar, se puede sentir frustrada, irritada, incomprendida, vacía, con una falta de control. Mientras que los demás probablemente se sientan con libertad de actuación, y con control sobre ella.

Detente a reflexionar en cómo influirá esto a largo plazo en un trabajador que emplee reiteradamente estos estilos. Y de la otra parte, cómo influirá en la dinámica de la empresa

Sin embargo, en el estilo asertivo, dado que son respetados tanto los propios derechos como los de los demás, la persona tenderá a sentirse relajada y satisfecha, y los demás, valorados.

¿Y tú? ¿Qué estilo sueles emplear en el ámbito laboral? ¿En cuál te reconoces más?

Ventajas e Inconvenientes

La persona agresiva tiene mayor probabilidad de conseguir su propósito. Esta es la gran ventaja. ¿Pero a costa de qué? de los derechos de los demás. Además, como cabe esperar, acabarán apareciendo problemas y conflictos interpersonales, que nada bueno tienen en el ámbito laboral, sea cual sea el nivel de jerarquía que ocupen las partes implicadas.

La persona pasiva, como ventaja, tiene menor probabilidad de recibir rechazo por parte de los demás, ¿cómo iban a rechazarle? Pero, los demás se aprovechan de ella. Y claro está, tiene menos probabilidad de conseguir sus propósitos. En este caso no aparecerán conflictos interpersonales, sino personales (con uno mismo).

¿Y qué pasa con la persona asertiva? Ser asertivo no tiene desventajas, tan solo ventajas. Ser asertivo te permite tener una mayor probabilidad de conseguir tus propósitos, entre otras cosas porque no estás “pisando” a nadie para conseguirlos.

Pero cuidado, hablamos de probabilidad. Que seas asertivo no implica que siempre vayas a conseguir tus metas; ahí entrarán a jugar también otros factores. Lo que implicará sí o sí es que evitarás las desventajas de los otros dos estilos. Además, la asertividad en el ámbito laboral se ha relacionado con mayores niveles de rendimiento, autoestima y autoeficacia, con una mejora en la comunicación eficiente, las relaciones y el clima laboral, y con menores niveles de estrés y riesgo de sufrir Burnout.

Algo que te puede ayudar a identificar qué estilo de comunicación tiendes a emplear en la diversas situaciones que pueden ser conflictivas en tu trabajo es hacerte a ti mismo las siguientes preguntas: ¿qué pasó en aquella situación? ¿cuándo fue? ¿quién/quiénes estaban implicados? ¿qué les dije? ¿cómo lo dije? (comunicación verbal y no verbal), ¿cómo me sentí? ¿cómo creo que les hice sentir?, ¿qué ocurrió después? En aquellos casos en los que empleaste un estilo agresivo o pasivo, ¿qué hubieras cambiado para haber sido asertivo?

Además de poner en práctica las comentadas características de la asertividad, cuando aparezca una situación conflictiva en el trabajo, párate a pensar en qué es realmente lo que quieres conseguir, planifica qué vas a decir y cómo, no olvidándote de respetarte a ti mismo y al/los otro/s, anticipa pros y contras de un estilo u otro. También ten presente que la asertividad a veces no está reñida con decir “no“.

De ahora en adelante, ¡Trabaja la asertividad!

La asertividad es una habilidad, y por tanto, puedes entrenarla.

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