Un día cualquiera te levantas por la mañana y, sin haberlo previsto, has terminado tu etapa universitaria. Esa época de la que ya hablas en pasado y siempre vivirá en ti en forma de muchas anécdotas y una entrañable sonrisa.

Ahora es momento de mirar hacia delante y, sinceramente, no sabes por dónde empezar. Es ese preciso momento en el que la Universidad te escupe al mundo laboral con apenas unas prácticas de seis meses en aquella empresa que te supieron a muy poco y unos conocimientos que estás totalmente seguro/a que no te servirán para nada.

Sin embargo, tú tienes algo diferente. Sabes perfectamente cuál es tu pasión y quieres pelear por ella. Por ese motivo, te planteas si invertir gran parte de tu tiempo y dinero en un Máster, que es justo lo que necesitas para darle ese empujoncito a tu carrera profesional. De hecho, es la razón por la que estás leyendo este artículo, así que comencemos una conversación entre amigos.


¿Merece la pena hacer un Máster?


Antes de nada, siento decirte que no existe una respuesta para esto. Lo siento, la vida difícilmente te dará soluciones absolutas.


Lo que sí puedo garantizarte es que la respuesta dependerá en gran parte de ti. Es decir, de tu predisposición a llegar a cualquier programa formativo y no esperar a que te sorprenda, sino anticiparte y ser tú quien tome la iniciativa de la relación.


Una buena persona me dijo un día:

Aquí venimos al laboratorio. Sed valientes, participad, preguntad y no tengáis miedo al fracaso. Aquí está permitido fallar”

Nada más que añadir.

Tengo miedo de una mala elección

No te acomplejes por tener dudas sobre el lugar en el que quieres depositar grandes esperanzas respecto a tu futuro profesional. Es normal e incluso un buen síntoma.

Esto habla mucho mejor de ti de lo que piensas. Significa que te preocupa en lo que inviertes tu tiempo y dinero, que buscas lo mejor para ti y, por supuesto, que no te conformas con cualquier oferta llamativa que te llegue a la bandeja de Spam.

Habla con tu entorno más cercano, contrasta opiniones con gente que haya cursado el mismo programa. Tenemos el mundo a nuestro alcance a través de las redes sociales, usémoslas para algo más que unos likes.

¿Qué me espera en el camino?


Es un recorrido apasionante, no exento de momentos difíciles y, porqué no decirlo, amagos de arrepentimiento cuando las cosas no salen como esperabas.

Durante tu periplo tendrás que aprender a convivir con otros puntos de vista y saber trabajar con quien no te apetece. Tendrás que saber compaginar tu trabajo con las clases, dejando hueco a tu vida personal en tan sólo 24 horas cada día.

Incorporarás técnicas y herramientas útiles a tu conocimiento. Y, por si fuera poco, tendrás que lanzarte a hablar en público.

Y ahora, te pregunto yo: ¿No es todo esto la vida concentrada en un aula?

Por último, recuerda…


Tu futuro comienza en ti mismo, las excusas no son buenas compañeras de viaje. Por ello, si no tienes claro qué quieres ser, es mejor que reflexiones e intentes buscar aquello que te motiva.

Si, por el contrario, ya tienes la vista puesta en tu destino…

Trabaja, elige y ¡lánzate!

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