Mejor con Talento

Hacia lo desconocido, hacia el cambio

Miguel se apresuró en coger ese tren, por nada del mundo podía quedarse en tierra y llegar tarde a esa feria de nuevas tecnologías en la que su agenda de LinkedIn crecería a niveles insospechados. Mientras tanto, Alicia rechazaba el enésimo plan con amigas para repasar ese último tema que tanto le preocupaba, más aun teniendo el último examen de la oposición a la vuelta de la esquina. César, por su parte, había conseguido por fin la deseada financiación para acudir al centro de alto rendimiento que le catapultaría definitivamente a un torneo internacional en su modalidad, empezaba la semana que viene.

Todos ellos guardan una estrecha relación entre sí, más allá del esfuerzo y la constancia que cada uno lleva a sus espaldas. Nuestro grupo de protagonistas está en un vuelo transoceánico con el piloto automático activado. Al pulsar ese botón, el comandante de la nave siente que no habrá nada que le perturbe hasta el aterrizaje, que todo está bajo control. Quizás eso debió pensar en su día Edward Smith, capitán de Titanic.

De repente, una turbulencia hace saltar todas las luces de indescifrables colores de una cabina de avión y, un grito desesperado de un marinero en la proa, despierta a media cubierta. Sí, debemos coger el timón del barco y retomar el mando de control del avión, si seguimos así vamos a estrellarnos.

Una guerra de guerrillas

Las historias de Miguel, Alicia y César son proyecciones de nuestras vidas en otros ejemplos, pero la sensación de control sobre el camino que pisamos es absoluta. Nuestros objetivos nos marcan el día a día y la mente no puede funcionar en otro escenario que no sea el impuesto en nuestra bendita comodidad occidental del siglo XXI. O puede que sí.

En los días que vivimos actualmente se ha reducido de forma exponencial los niveles de contaminación, debido al confinamiento, del mismo modo que ha aumentado en la misma proporción (o en un plano superior) el número de todólogos cuyas opiniones pesan lo mismo que la de aburridos expertos. A esto habrá que sumarle la amplia variedad de frentes abiertos en los que participar: responsabilidades políticas, calendarios académicos o legislación laboral. Todo ello aderezado con una ración diaria de bulos hace de este plato un valor seguro de indigestión.

Para el que escribe le resultaba inapropiado participar de esta tragicomedia con alguna opinión más o menos certera sobre alguno de los temas candentes, ya que corría el riesgo de que la tomaran como válida frente a las que verdaderamente lo son. Además, cree en una regla básica que dicta el silencio si no se tiene nada importante que decir.

Sin embargo, observar es inherente al ser humano, por lo que traducir a palabras aquello que nos rodea puede ser buena terapia para sobrellevar situaciones tan complejas como la actual.

Personas, empresa y solidaridad

Ni el más atrevido de los especialistas se aventura a dar un pronóstico medianamente fiable de las consecuencias reales en la economía de bolsa (los de traje y corbata) y de bolsillo (el pan sobre la mesa). Lo que está claro es que la incertidumbre tiene el mismo efecto en la empresa media que un guardia civil con el brazo en alto en la carretera: lo para todo.

Ante esta situación, los profesionales de gestión de personas se enfrentan a un doble reto. Por un lado, dar soluciones contundentes a interrogantes laborales que llevan consigo la subsistencia de las familias. Esto se torna altamente difícil en este terreno que pisamos por primera vez y cuya legislación varía diariamente con no toda la claridad requerida. 

Paralelamente, se debe tener especial sensibilidad ante el contexto particular de cada organización, atendiendo a valores y cultura del mismo. La dificultad tiene una incidencia directamente proporcional en la reputación de nuestra marca de empleador, tan esencial en el presente y futuro de las compañías.

Con ello no se pretende equiparar ambas esferas, pues es obvio que en aquellos negocios que más se resientan se tendrán que tomar las medidas correctivas necesarias. Pero ello no debe hacernos perder de vista la importancia que tienen las personas dentro de las empresas, así como el alargado eco de nuestros actos en el mañana.

Frente a este difícil mar de dudas no es mala opción apelar a la solidaridad. Con ello no me refiero a la que vemos diariamente con innumerables gestos altruistas. Estamos hablando a la capacidad de cesión de todas las partes hasta un punto lo más cercano posible a ser intermedio. Vivimos inmersos en rumores de fijación de vacaciones unilaterales, ERTES y reducciones de negocio. En este panorama lo sencillo es adherirse a planes de choque fuertes y capear el temporal. Lo más eficiente es poder consensuar hasta cierto punto las medidas con todos los agentes que participan en la organización.

Punto de inflexión

Para bien o para mal, el mundo ya ha cambiado. Los grandes acontecimientos de la historia han provocado un efecto en nuestro rumbo. Once de septiembre, mil cuatrocientos noventa y dos o mil novecientos treinta y nueve, son tatuajes incrustados en la piel del ser humano para siempre, los cuales supusieron un antes y después en nuestras vidas.

Dos mil veinte, lejos de asemejarse a los pronósticos, nos ha tumbado sobre la lona en tan sólo tres meses y amenaza con noquearnos. No dudo que nos levantaremos y ganaremos la batalla, al igual que estoy completamente seguros que las cicatrices de este combate han movido alguna vértebra de nuestra columna con la que tendremos que aprender a convivir. Siempre.

Jaime Fajardo Santana

Responsable de Selección IT. En todo este tiempo he adquirido un gran interés por todos los temas relacionados con la gestión de personas y nuevas tecnologías, sobre cuyas temáticas baso la gran parte de mis artículos.

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