Resulta algo reiterativo afirmar la época de cambio vertiginoso que nos está tocando vivir. Quizás incluso pueda ser una especie de mantra que acompaña a todas las sociedades. Como el típico “este año hace más calor” un día de agosto cualquiera a las cuatro de la tarde. Pese a ello, no por más repetido deja de ser menos cierto.

A las empresas hasta antes de ayer se las valoraba bajo una doble perspectiva: los inversores vivían en un mundo en el que la Cuenta de Resultados era la Biblia, mientras que la población se identificaba con las organizaciones que mejor sabían captar su atención a través de la pequeña y gran pantalla. Es decir, la clave del éxito residía en el qué se hacía, sin atender prácticamente nada al cómo se llegaba hasta ese punto. Digamos que el mundo empresarial era poco menos que una clase de primaria cuando se ausentaba la profesora: la ley del más fuerte.

No se me pasa por la cabeza afirmar que esa doctrina no sigue vigente, pues perdería toda credibilidad. Sin embargo, sí podemos adelantar que esa docente está regresando al aula. De hecho, viene con el jefe de estudios. Quieren y deben poner orden en esa jauría.

¿Qué es el Compliance?

Ejemplificado a modo simpático en esa profesora, cuando hablamos de Compliance nos estamos refiriendo al conjunto de procedimientos y buenas prácticas que ponen en marcha las organizaciones para prevenir los riesgos operativos y legales subyacentes de su actividad, así como corregir aquellas disfunciones que tengan lugar por lo mismo.

En otras palabras, se trata de una estrategia corporativa indispensable en cualquier empresa para ajustarse a la, cada vez más, estrecha legislación. El término que lo acuña, para seguir la tradición, proviene del inglés y significa literalmente “cumplimiento”.

Como muchas nuevas tendencias, tiene poco de vanguardista, pues su espíritu se basa en actuar de forma honesta y correcta en todas y cada una de las actividades que se desarrollen en la organización.

Pongamos un ejemplo simple: Supongamos que usted es el director de una sucursal de banco y, en su despacho, se encuentra un cliente al que se le acaba de rechazar la concesión de un préstamo por previsión de impago según los estándares de la entidad financiera. Esa persona le deposita un reloj de elevado valor encima de la mesa y le sugiere que es un bonito regalo en símbolo de afecto. Creo que no es necesario decir qué sería Compliance y qué no.

Campo de Actuación del Compliance

Lejos de esta forzada situación, el “Cumplimiento” abarca todos y cada uno de los comportamientos de los empleados de una empresa dentro de la misma, por lo que se pone el foco en aquellos responsables de personas de cara a que sean los motores de cambio en cuanto a las formas de hacer. Efectivamente, hablamos de los departamentos de Recursos Humanos.

Esta amplitud de acción viene marcada por la aplicación de la norma UNE-ISO 19600:2015. Para quien no esté familiarizado con esta nomenclatura, ISO es el acrónimo de la Organización Internacional de Normalización, organismo oficial que recoge las directrices estandarizadas que garantizan una mayor eficiencia en cualquier tipo de proceso.

Si bien es cierto, en muchas ocasiones los departamentos de personas no tienen entidad suficiente como para asegurar el cumplimiento de las normas en todos sus niveles, por lo que se ven obligados a recurrir a una auditoría externa de servicios.

El papel de RR.HH en relación con Compliance

A nadie se le escapa lo farragoso del tema, pues trata de los temas más hard de Recursos Humanos. Sin embargo, es un tren que el departamento no puede dejar escapar (como ya hiciera con otros) para poder añadir valor a aquello que se aporta en la empresa.

La proactividad siempre por encima de la reactividad. Sólo así se consigue revertir una responsabilidad nada atractiva en una capacidad de diferenciación dentro de la organización. En lugar de observar estas tareas como un peso que carga sobre nuestras espaldas tenemos la oportunidad de ser los únicos dentro de la compañía que controlen este tema y, por ende, convertirnos en un poco menos prescindibles.

No perdamos de vista que los departamentos de personas ven día a día reducidas sus tareas más administrativas, fruto de la fulgurante digitalización de procesos. La capacidad de poder asumir nuevos retos marcará el devenir de los profesionales de Recursos Humanos.

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