Mejor con Talento

Limitaciones, las justas y necesarias

Un tópico muy extendido en cualquier profesión es que nunca se debe dejar de aprender. En este caso, el hecho de ser reiterado no le quita ni una pizca de veracidad, pero sí podemos añadirle matices. Por ejemplo, lo fundamental para cualquier profesional es no perder la curiosidad por aprender, porque esa es la verdadera gasolina que nos mueve. O diésel, no quiero entrar en polémicas.

Hace ya algún tiempo, alguien cercano que nada tiene que ver con los Recursos Humanos, compartió conmigo una importante lección que le marcó y que, con tu permiso (sé que estás leyendo) voy a compartir con los demás: “No te pongas más reglas de las que ya tenemos”. He de decir que, pese a lo simple e impactante del mensaje, lo que me llegó es que los profesionales de gestión de personas ganamos mucho cuando escuchamos -de forma activa- a quienes nos dedicamos: las personas. No importa su campo de procedencia.

De la pizarra a la realidad

El caso es que esta frase me ha ido acompañando durante mi vida y, en cierto modo, guiando en casi todas las decisiones que he ido tomando. Ha sido algo que siempre he tenido ahí pero que nunca le había dado la importancia que realmente tiene.

Los profesionales de Recursos Humanos tenemos sobre nuestras espaldas multitud de funciones y responsabilidades, siendo una de ellas la de servir como puente entre los jóvenes que abandonan las aulas y saltan al impredecible mundo laboral. Dentro de esta bonita área se encuadran diferentes políticas y estrategias que facilitan ese acercamiento entre alumno y empresa: ferias de empleo, conferencias, mesas redondas, etc.

Gracias a ello en fechas no muy lejanas he tenido la oportunidad de estar en contacto con bastantes jóvenes universitarios y de ciclos superiores en diferentes eventos de empleabilidad, todos ellos de perfiles técnicos. A primera vista la primera idea que sobresale es la de una alta calidad en los candidatos debido a su formación y, por supuesto, un gran interés por ingresar en organizaciones de nivel, fruto de su presencia en dicho foro de empleo.

Sin embargo, me resultó altamente llamativo que una gran mayoría de ellos hacían un uso excesivo de la conjunción “pero” en sus frases. No es un buen síntoma para aquellos que están intentando seducir a empresas. A medida que iba conociendo a más alumnos, mi sorpresa iba en aumento, ya que muchos de ellos no querían saber nada de la empresa si se salía levemente de su apellido ingeniero. Algo difícil de creer: el candidato rechazándose automáticamente.

La sensación general fue que los asistentes estaban más atentos a aquellos requerimientos que no cumplían que de sus puntos fuertes, lo que mermaba bastante la confianza en sí mismo de cada uno.

Juventud y valentía

No lograba comprender este comportamiento. Quizás la Universidad española encorseta demasiado al alumnado, cegándolo tanto que solo está centrado en aprobar exámenes hechos para suspender, haciéndole creer que la vida ahí fuera se resume en diez preguntas en las que restan las mal contestadas.

El otro factor disonante es la obsesión del pre ingeniero por centrarse en su área de especialización sin posibilidad de variación. Desconocen que se cierran toda una sucesión de puertas y que el ingeniero no es bueno por su especialidad, sino por la capacidad que se le presupone para resolver problemas, sean del tipo que sea. Y eso se paga bastante bien.

Pero no todo fue oscuridad y pesimismo. Siempre hay luces en el camino que trabajan en silencio para cambiar la dinámica de toda una generación. Estamos hablando de profesionales educativos que entienden la Universidad como trampolín principal hacia el empleo, añadiendo perspectivas siempre prácticas al océano teórico en el que bucean.

El camino se recorre andando

Esta experiencia que comparto deja varios interrogantes en el aire que deben preocupar a los gestores de personas, pues de qué sirve confiar en talento joven si no cree en sí mismo. La responsabilidad de esta situación es otra de las grandes cuestiones, posiblemente sin un culpable claro.

En esta encrucijada sobresalen tres vertientes que deben acercar posturas y alinearse en base a unos mismos objetivos:

  • El sistema educativo debe entrar en el siglo XXI. Las técnicas pasadas tienen que remodelarse casi al completo, evolucionando a la era digital en la que vivimos.
  • Recursos Humanos no puede desistir en el esfuerzo de conectar con el talento joven que tanto necesita.
  • Los jóvenes deben dejar de ponerse limitaciones intrínsecas y, por supuesto, potenciar esa curiosidad por aprender que tantos beneficios reporta.

No es la primera vez que aparece en este espacio, pero sigue siendo buen broche final: Las excusas no son buenas compañeras de viaje.

Jaime Fajardo Santana

Responsable de Selección IT y fundador de Talent Vitae.

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